jueves, 31 de julio de 2008

30 de julio

Ayer fue un día estupendo en el que mamá sacó un montón de fotos... pero no sé qué le pasa al editor de blogspot que no me permite hoy subir ninguna. Eso sí, no me pone problemas con los vídeos, así que os cuelgo tres de ayer en la tarde:



El primero es de antes de cenar, que estaba jugando solito y se apuntó la tía Marisol a jugar conmigo desde lo alto... De fondo se oye a la tía Irma, que pasó el día en casa y estaba chateando en el ordenador frente a mí.




El segundo es de la cena. Me enfadé con hambre y mamá corriendo me ralló una manzana. Ni tiempo le dio a ponerme el babero antes de la primera cucharada. Cuando comenzó a darme la comida yo me puse muy contento, y bailaba al ritmo de la música que ella tenía puesta.



El tercero es de justo antes de dormir. Mamá me preparó el baño con mucho jabón. Yo quería jugar con la espuma, pero la muy &*+Ç/%! no quería jugar conmigo y se escapaba todo el tiempo.

En fin, mañana más, aunque poquito, porque a mamá se le han vuelto a terminar las pilas de la cámara...

Un beso gigante a todos!

miércoles, 30 de julio de 2008

29 de julio

Ayer me desperté prontito prontito, para tomar el primer biberón del día. Como después de tomarlo me costó volver a dormir, mamá me colocó en su cama y encendió cerca de mí el aparato vibrador de la cuna, que tiene además musiquita... así me dormí tranquilo un par de horas más.


Cuando desperté de nuevo, mamá volvió a encender el aparato y me lo dejó en las manos. Me encantó el vibrador, que me masajeaba estupendamente las encías.


Mientras yo jugaba con el vibrador, mamá fue a la cocina a preparar mi desayuno. Ayer tocó mango, que me encanta.



El mango para mí es algo así como las espinacas para Popeye, o la poción mágica para Asterix... ¡Me da una fuerzaaaa!


Cuando acabé de desayunar, mamá y yo nos quedamos un rato trasteando en la cama. La verdad es que nos lo pasamos muy bien.


Después de jugar mamá y yo nos metimos juntitos en la ducha... A mí el agua caliente me da sueño, de modo que estuve a punto de quedarme dormido de nuevo cuando me sentó en mi silla mientras ella terminaba de lavarse.


Tras vestirnos, mamá me acostó de nuevo en mi cuna con un biberón de leche. Yo al principio estuve jugando un rato a hacer ruido con la red que rodea el colchón, porque no me apetecía todavía dormirme.


Pero dos minutos en posición horizontal fueron suficientes para que me entrara la pereza... y me volqué sobre el biberón en mi siesta mañanera.


Cuando desperté, mientras mamá desayunaba y terminaba de recoger el cuarto, jugué un ratito dentro de la cuna con mi libro de mariquitas, que me gusta mucho.


Cuando digo que me gusta mucho, lo digo en todos los sentidos... ¡está riquísmo!


Luego salimos al jardín. También nos acompañó el primo Javo, que me vigilaba mientras mamá bajaba toda la impedimenta (juguetes, ordenador, alfombra, biberón, chupetes...)



Cuando el primo Javo se fue, yo me quedé feliz solito. Observando las mariposas, los colibríes, las ramas de los árboles que se movían, las nubes que cambiaban todo el tiempo, la hierba...


Mientras yo jugaba, mamá hablaba con la abuela Marta, la tita Encarna y la tía Mar por skype.


Me emborraché de sol en el jardín, así que mamá me puso a la sombra con mi taca-taca, en la cantina del tío Javier.



Como ayer era martes, la tía Marisol tenía reunión de clientas en casa. Al terminar la reunión celebraron el cumpleaños de una de ellas y nos invitaron a mamá y a mí a comer tarta. Mamá me dio una probadita de nata, que me encantó. Después de cantar las mañanitas, nos hicimos una foto de familia (la que saca la foto es la tía, así que ella no sale).
La verdad es que las clientas de la tía son muy simpáticas y me tratan muy bien. Dicen que soy muy bueno, muy tranquilo, muy grande, muy mayor... ¡no sabéis cómo me suben la autoestima!
Una de ellas, incluso, me regaló una mantita estupenda con cremallera que sirve muy bien para cuando salgo de paseo y hace algo de frío.


Con tantas emociones en la mañana, a la hora de la comida estaba agotado y me dormí masticando la penúltima cucharada de papilla... Mamá me subió a su cama y aprovechó mi siesta para comer ella misma.


Al despertar, un par de horas después, volvimos a salir al jardín, aprovechando que todavía hacía buen tiempo. Estuve jugando un rato grande, y mamá se sentó a mi lado para hacer sus cositas en el ordenador.



Estaba concentrado en mis asuntos cuando llamó papá, que estuvo un rato hablando conmigo, contándome muchas cosas y llamándome guapetón, que es algo que me encanta.


Cuando terminé de hablar con papá me aburrí de estar en la calle, y se lo dije a mamá muy enfadado.


Así que entramos en la casa. Y mientras ella recogía toda la impedimenta que había sacado en la mañana y mi ropa, que estaba tendida, yo me quedé cómodamente recostado en el sillón. Estaba tan cansado que tal como me dejó, así me quedé, en la misma postura, sin mover ni un dedo, el cuarto de hora que ella demoró en meterlo todo en casa y ordenarlo.


A punto estaba de quedarme de nuevo dormido cuando llegó la familia.
Javo y Maite, su novia, habían ido al aeropuerto a buscar al Don, el abuelo, que venía de pasar unos días con los nietos en Veracruz. También llegó la tía Marisol, y en un segundo mi tranquilidad se terminó y se organizó la tertulia en el salón.


El centro de atención, cómo no, era yo. Como estaba algo empanado, la prima y la tía se propusieron despertarme y hacerme reír... la verdad es que no les costó mucho.


Salté mucho sobre la prima, que hoy le decía a mamá que tenía dolor en los brazos de tanto que ayer me hizo volar sobre su cabeza.


También jugué con el taca-taca, y le enseñé a Maite cómo darle a los botoncitos para que mi bandeja supersónica sonara.


El primo Javo, antes de irse a su partido de futbol, también me estuvo haciendo volar un buen rato...

Luego ya mamá me dio la cena, el biberón y me acostó en mi cunita, porque era tarde y yo estaba muy cansado.

A eso de las once me desperté llorando y mamá llegó a consolarme más contenta de lo habitual. Cuando le pregunté que a qué se debia su sonrisa, me contó que a Roci y a su chica, por fin, les habían asignado a su hijo adoptivo y que eso le hacía muy feliz.

Tan contenta estaba que abrió junto con los tíos una botella de champagne (de las que estaban reservadas para cuando firmaran mi adopción) y brindaron por la nueva familia todos juntos en la cocina.

martes, 29 de julio de 2008

28 de julio

Ayer fue un día bastante tranquilo que dediqué básicamente a monologar apretando la boca, porque no sé qué me está ocurriendo que parece como si se me estuvieran hinchando las encías y me duelen... ¿a alguien le ha pasado eso alguna vez?



Mientras mamá me cambiaba empecé a hablar con ella en la mañana, y luego ya no paré en todo el día.


Desayuné en la habitación fruta, para variar (¡qué ganas tengo de tomarme unos chilaquiles como los mayores!)


Luego mamá me sacó al jardín, donde estuve un buen rato jugando en el taca-taca. Mi tía pasaba por ahí para verme y decirme hola a cada momento. En una de sus salidas, para recoger la ropa tendida, me quitó algo de roña del oído. Descubrimos que también me encanta que me hurguen en las orejas... se me queda cara alelada mirando al infinito (estilo Santa Teresa en sus éxtasis).


También, en otra salida, me dejó una bolsa de plástico para cuando me aburriera... ¡es que esta tía está en todo!


Después de comer mamá me volvió a cambiar el pañal, y como me disgusté con ella porque no quería nada sino dormir, me dejó jugar con la caja de la cremita que me pone para evitar rozaduras. Yo me entretuve con ella un rato, pero no se me olvidó que estaba enfadado, por eso salgo con ese ceño en la foto.


Luego, por fin, ya me dejó en la cuna para que durmiera la siesta.


Cuando me desperté estuve un rato largo jugando solo y monologando en la cuna, muy tranquilito, mientras mamá seguía en el despacho haciendo sus cosas en el ordenador. No pudo sacarme fotos porque no quiso distraerme de mi conversación conmigo mismo. Por cierto, dije "mamá" por primera vez, pero no cuenta porque fue casualidad...
Al cabo de una hora me aburrí. Entonces mamá, que no había terminado con sus deberes, me sentó en el suelo del despacho y me dejó un montón de trastos para que me entretuviera mientras ella acababa.


Media hora después llamó papá por skype, y mamá me acercó su ordenador para que pudiéramos vernos y charlar de nuestras cosas.


Cuando papá por fin se fue a dormir, mamá me trajo la mordedera, que tenía guardada en el congelador. A mí últimamente me encanta cuando está fría, porque parece que así se me deshinchan las encías.


Claro que a falta de pan buenas son tortas, como dice el refrán, y cuando se me cayó el cacharrito frío pasé a paladear el patito de peluche.


Pasado el tiempo me aburrí. Mamá me trajo un montón más de cosas aparte de las que yo tenía, pero aún así estaba cansado y no quería jugar con nada.


Hasta que a mamá se le ocurrió llenar de moneditas la caja transparente de los bombones Valor que trajo la abuela en su último viaje. Este último juguete me tuvo entretenido un buen rato, porque hacía mucho ruido, era fácil de golpear y se movía.
Me gustó tanto que casi me quedo dormido sobre él.


Antes de que terminara de dormirme, mamá me organizó un baño de espuma, en el que batí todos los records conversacionales, porque no me callé ni un minuto.


Sólo me quedé sin habla cuando mamá me levantó para restregarme el pecho con la manopla.

Después del baño tocó frutita, biberón y cuna... hasta las dos de la mañana, que me dio por despertarme muerto del susto por una pesadilla. Mamá, que no sabía como callarme, al final me tumbó con ella en la cama pequeña y terminó acostada en una esquinita apenas sin dormir, preocupada por si me caía y molesta por las patadas que le daba a cada rato...
Así es la vida, mami... quien con niño se acuesta, pateado se levanta ;-).

lunes, 28 de julio de 2008

27 de julio

El domingo, ayer, fue un día tranquilo, no salimos de casa ¡por fin algo de descanso!


Me desperté prontito, como siempre, pero mamá se puso en huelga. Me explicó medio dormida que era domingo y que estaba prohibido madrugar. Yo no la hice ni caso ¡me aburría solito en la cuna! así que mamá, con desgana, me subió a su cama y me dio una caja para que me entretuviera mientras ella intentaba congraciarse con su nuevo papel de madre... intentando recuperar el sueño.


Al ver que era imposible volver a dormir conmigo al lado golpeando el cartón se dio por vencida, me endosó una galleta, me cambió el pañal... y por fin se puso a jugar conmigo, que era lo que yo llevaba una hora pretendiendo.


Después bajamos con los tíos y el primo a desayunar a la cocina. Mamá bajó el taca-taca y los chicos estuvimos un ratito jugando con él, en lo que la tía preparaba los chilaquiles de los mayores y mamá trituraba mi plátano.


El primo Javo, al que apenas había visto el sábado un poquito, se terminó de hacer amigo mío la mañana de ayer. Fue divertido comprobar que su cabeza ocupa lo mismo que todo mi cuerpo.



También me enseñó nuevo vocabulario: Brother y Güey


Después de desayunar, me fui con la tía al jardín. Estuvimos en los columpios un ratito, en lo que mamá hablaba por teléfono con papá, que se había pasado de Bilbao a San Juan de Luz, en Francia. Papá le dijo a mamá que le faltábamos nosotros, que quería estar conmigo bañandonos en el mar... pero ni modo, todavía no me puedo ir con él. Ojalá que en agosto, cuando venga, podamos ir a la playa.


Luego nos vino a buscar mamá con el biberón, para que durmiera mi siesta mañanera mientras ella se iba con el primo Javo al super a hacer la compra.


Después de dormir la siesta en mi cuna, cuando me desperté, me fui al cuarto de mis tíos con mi tía Marisol, que estuvo un ratito jugando conmigo en lo que mamá y el primo volvían. A mi tío Javier le pasa lo mismo que a mamá: también piensa que los domingos son días de cama...


Cuando por fin llegó mamá y la familia se activó, salimos a tomar el aperitivo a la cantina del tío en el jardín. Mamá me había metido un mordedor de gel en el congelador para que estuviera frío y me calmara las encías, que me duelen porque me están saliendo los dientes... ¡me encantó la idea!


Después de comer la tía me dio el biberón en el jardín... Mi tía me cuida mucho, ella fue la que hizo la papilla del domingo. Le puso chayotes, zanahorias y pollito... ¡uuuhhhmmm! Estaba riquísima.


Luego, como estaba empezando a refrescar, mamá me puso una cazadora que me regaló la tía Irene. Es muy calentita, pero como estaba forrado me costaba mucho mover los brazos, así que solo alcanzaba a jugar con las bolas de los lados de la bandeja de mi taca-taca. Tampoco importaba mucho, porque todos estaban dispuestos a distraerme.


Mamá me decía cositas desde dentro de la barra, y jugaba conmigo al "cucú-trás" escondiendose debajo...


... y a mí me encantaba descubrirla cuando se levantaba.


Más tarde llegó Maite, la novia de mi primo, y los mayores se pusieron a ver las fotos del viaje de los chicos. Yo la verdad es que estaba algo aburrido. Me sacaron mis juguetes pero como no dormí siesta en la tarde, estaba muy cansado.

De manera que mamá decidió acostarme pronto. Así que subió conmigo a bañarme, a ponerme el pijama, darme la cena y dormirme. Yo tenía los ojos abiertos porque no me apetecía nada acostarme, quería seguir jugando y que me hicieran caso... ¡pero ni modo! Mamá me cantó la mitad de las nanas de su repertorio y no había manera de callarla. ¡ni metiendole la mano en la boca!.

Al final, tuve que sucumbir...

26 de julio

La noche del viernes al sábado mamá y yo durmimos en la habitación de Marisol. Yo estrené la cuna nueva, y lloré un par de veces, echando de menos el chupete, que se me caía dormido.
A eso de las seis me rugieron las tripas de hambre. A mamá, antes de acostarse, se le había olvidado dejar en la mesilla la leche para prepararme el biberón, así que me terminé de despertar desconsolado mientras ella bajaba a la cocina a buscarla. Cuando volvió a la habitación, para mi sorpresa, en vez de meterme el bibe en la boca me dio una galleta, me envolvió en una manta, se puso unos pantalones y una camiseta, se colgó al hombro la pañalera, y salió conmigo a la calle, donde nos esperaban ya en el coche la tía Marisol y el tío Javier. Ni tiempo me dio de reclamarle la leche.

Ya en el coche, mientras mamá ¡por fin! me ponía el biberón en las manos, me enteré que ibamos a buscar al primo Javo, que llegaba a las a las siete y pico al aeropuerto de su viaje europeo. En el aeropuerto también estaban los papás de sus compañeros de aventuras, Choco y Beto, que me hicieron muchas carantoñas y se alegraron mucho de que por fin mamá y yo estuviéramos juntos, aunque ponían caras de preocupación y disgusto cuando mamá les decía que en cualquier momento se nos podía acabar el chollo de estar juntos, hasta que no terminaramos de arreglar el papeleo. Yo de esa parte no me enteré muy bien, porque las conversaciones de mayores me aburren y estaba concentrado mirando a la puerta para ver llegar a mi primo. No sabía si reconocería sus rasgos, porque apenas le había visto media hora, días antes de que se fuera de viaje (nos acompañó a mamá, mami Laura y a mí a comprarme ropa), pero en cualquier caso recordaba una pelambrera rubia estilo Jackson Five después de un aguacero que es inconfundible.

Al final, con algo de retraso, llegaron los chicos y a mí todos me dejaron un poco de lado mientras los besuqueaban a ellos. La verdad es que no me puse celoso, porque fue un descanso para mis cachetes. Tras la tanda de abrazos y aspavientos fuimos a reclamar la maleta de Javo, que se había perdido.

Luego ya las familias nos separamos para entrar en el coche, yo pensé que por fin volvíamos a casa a terminar de dormir... ¡pero no! Los tíos nos llevaron a un mercadito cercano a la casa de los abuelos de Javo, que está al lado del aeropuerto, donde hay un puesto maravilloso de comida que lleva una amiga de la abuela. Ellos también querían desayunar, y se pusieron hasta arriba de sopes y flautas. A mí me compraron un potito de guayaba que me pareció delicioso en otro puesto del mercado. Tras el potito me amodorré sobre las piernas de mamá, arrullado por el relato de las aventuras de mi primo y el ruido de fondo del mercado... caí dormido como lirón.

Cuando me desperté estaba en la cama de mamá. Los tíos y el primo se habían ido al cine a ver Batman, y mamá estaba haciendo cosas en el ordenador, así que me sentó en el taca-taca junto a ella mientras terminaba. Tenía prisa porque luego nos teníamos que ir a casa de los tíos Tere y Toño a comer, ya que era el cumple de Argelia y nos había invitado a paella. Jugué un ratito, pero me volvió a vencer el cansancio y me quedé dormido encima del volante de la bandeja supersónica del taca-taca.


Mamá no quiso despertarme mientras ella terminaba de hacer sus cosas, así que en vez de levantarme en brazos y llevarme a la cama me colocó una mantita bajo la cara, para que estuviera más cómodo.


Luego ya me desperté y mamá me dio de comer un potito de pollo con pasta y verduras. Mamá procura no darme muchos potitos, sobre todo los usa para cuando estamos fuera de casa. A mí me gusta todo, las papillas caseras están deliciosas, pero no hago ascos a nada.
Mamá tenía preparado el bote para usar ese día en casa de los tíos, pero como ya era tarde yo no quise guardarme el hambre hasta llegar allá.


Me comí el potito entero, y posiblemente, si mamá me hubiera dado otro, también me lo hubiera echado entre pecho y espalda.


Luego mamá ya me puso guapo, y en el entretanto llegaron los tíos y el primo Javo, que estuvo jugando un rato conmigo antes de hacernos el favor a mamá y a mí de llevarnos a casa de Tere y Toño. De camino, pasamos a buscar a Maite, su novia, que se hizo muy amiga mía en el coche.


Al llegar a la fiesta, fui directamente con la tía Miros, a la que no conocía. No la dejé tomar la paella y se le enfrió, pero aunque mamá le decía que comiera y me dejara con ella, la tía Miros no quiso dejarme... Mamá dice que, con un poco de suerte, mi próximo primo será su hijo, así que yo imagino que le serví de ensayo general por una tarde.


Luego llegó el tio Ricardo, que todavía tampoco había comido. A mí me encantaron sus gafas y no paré de mirarle durante un montón de tiempo. Nos hicimos muy amigos, aunque como toda buena amistad de hombre, comenzamos algo serios a tratarnos. Pero terminé queriendole mucho: me dio el biberón, me dejó probar su paella... un encanto, vamos. Estoy deseando volver a verle.


Estuvimos toda la tarde en la cocina. Cuando ya me estaba aburriendo de conversaciones de mayores mamá me tumbó en el sillón para que me durmiera, pero no quise. Luego la tía Miros me subió a la cama de la tía Tere para lo mismo, y yo conversé con ella durante una hora, sin cerrar los ojos para nada. Al final la tía se dio por vencida y me bajó de nuevo al salón, donde mamá estaba hablando con el tío Toño sobre los últimos avatares legales de nuestra historia (¡qué conversaciones más aburridas!). Mientras quedaban para hacer cosas de mayores, el tío Toño estuvo un rato jugando conmigo.


Luego subimos a la habitación del tío Toño, donde todos los primos estaban jugando con el regalo nuevo de la tía Argelia... ¡una Wii!. Allí estuve conviviendo un rato con la familia...


... mientras jugaban al Guitar Hero.


Al final ya me cansé, así que mamá me dio leche y me tumbó a dormir en la cama de la tía Argelia, custodiado por sus muñecos de peluche...


... mientras ella seguía jugando con los tíos Ricardo y Argelia, con la tía Leti y con mi primo André hasta la madrugada.

Al final, el tío Ricardo nos llevó a casa a eso de la una... yo me desperté cuando me abrigaron para salir a la calle y estuve todo el camino despierto y hablando con el tío. Al llegar a casa, caí en la cuna derrotado... ¡un día muy largo con un montón de emociones!