viernes, 22 de agosto de 2008

Hoy volvimos al DF

Hoy por la mañana mamá y papá se levantaron antes que yo. Querían salir tempranito de casa para aprovechar la mañana haciendo papeleos, así que intentaron correr todo lo que pudieron. Aun así, tardamos casi dos horas en subir al taxi que nos trajo a la ciudad... ¡Es lo que tiene ser tres en vez de dos!

Merced al eterno atasco de esta ciudad de locos que es la mía, no llegamos a tiempo a las oficinas a las que teníamos que ir para arreglar los papeles de mamá (¡esas cosas de mayores que siempre son un rollo!), así que nos vinimos a casa con los tíos para pasar la tarde. Mamá y papá prometieron madrugar más mañana para llegar a tiempo, a ver si pueden arreglar algo antes de que lleguen las tías en la noche.

Esa es la mejor noticia. Mamá y papá están muy contentos con la llegada de "las chicas", y yo tengo unas ganas locas de conocerlas. Aterrizarán casi en la medianoche; vienen de Playa del Carmen, donde han pasado una semana familiarizandose con mi país, y se quedarán con nosotros otra semana, antes de volver a España. Mamá tiene un montón de planes con ellas, quiere ir a Tepoztlán, a Taxco, a Acapulco... yo por mí me quedaría en la piscina de Cuernavaca jugando todos los días, porque tanto paseo me cansa, pero ya veremos qué deciden los mayores. Para variar, haremos lo que ellos quieran ¡qué fastidio!.

Hoy ni papá ni mamá sacaron fotos. La verdad es que a mamá no la ví en toda la tarde, dijo que le dolía la cabeza y se metió en la cama. Creo que le sienta bastante mal la contaminación, y la contraría eso de que cierren las oficinas justo cuando ella necesita entrar. Pero bueno, gracias a Dios estaba papá para atenderme. Me lo he pasado bomba saltando con él y con el tío todo el rato.

Luego, al oscurecer, mamá ya se levantó bien y cenamos todos en la cocina. Los tíos se fueron al futbol a ver a Javo jugar, y nosotros nos quedamos en casa escribiéndole un mail a un amigo que quizá pueda echarnos un cable con eso de "mi situación jurídica". Más tarde, cuando terminamos, llegó el tío Rodolfo que quería arreglar un aparato de servir cerveza que se había traído de España, y necesitaba la ayuda de papá. También me trajo a mí un regalo: un termómetro supersónico que basta con pegarlo a la frente un segundo para que diga si tengo o no tengo fiebre. Me lo ha comprado su madre, que es una señora muy simpática a la que conocí en el aeropuerto cuando llegó papá y a la que mamá quiere mucho. Dice mamá que un día de estos, cuando las visitas se vayan y todo se tranquilice y volvamos a vivir en el DF, tendremos que ir a verla para agradecérselo. Yo tengo muchas ganas, porque el tío Rodolfo me ha dicho que en su casa hay un montón de primos con los que jugar, y columpios, y toboganes, y una fuente con pececitos... ¡vamos, el sueño de cualquier niño!

Después de estar un rato con nosotros, el tío Rodolfo se ha ido con papá a la calle y yo me he quedado durmiendo mientras mamá ordenaba los documentos que quiere llevar mañana para tramitar sus papeles. Hemos vuelto a robarle el cuarto al primo Javo, que tiene más paciencia con nosotros que un santo. Mañana mamá dice que a las seis de la mañana ya estaremos en pie, para que nos de tiempo a todo. Ya es muy tarde, quedan nada más que cuatro horas para que nos despertemos, y ni mamá ni papá se han dormido todavía... ¡están locos! En fin, ellos sabrán, al final aguantan carros y carretas. Además este fin de semana va a ser muy movido, porque vamos a ir a celebrar el cumple de la tía Marisol, que es el sábado, a la casa de Cuernavaca con toda la familia, y también vendrán más amigos el domingo... no sé si podrán descansar. Deberían de aprender a dormirse en cualquier sitio, como yo, así es más sencillo aguantar el tirón.

Bueno, hoy hay demasiado texto en este diario, os dejo una foto estupenda de hace unos días, cuando a mamá se le ocurrió que ya podía comer solito la papilla... ¡me lo pasé bomba!


Os quiero,

Elías, el Gachupín de Garibaldi.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Ya estoy de vuelta

¡¡¡Holaaaaa!!!

Resulta que agosto es mes de vacaciones... y con eso de que este es mi primer verano yo no sabía que no se trabajaba ¡ya veis!. Mamá se tomó unos días libres de ordenador y por eso no escribí nada en el blog.

Además, también llegó papá y nos fuimos a Cuernavaca... y ni mamá ni yo estábamos por la labor de gastar el tiempo buscando un cyber por acá, porque en la casa en la que estamos no hay internet.

Hoy en la mañana, por fin, mamá y papá compraron un cacharrito que se conecta a la red de móviles (o celulares, como se dice aquí) y ya podemos navegar. Papá pasó toda la tarde trabajando. Mamá, por la noche, por fin pudo conectarse para mirar el correo. Cuando terminó de hacer sus cosas le pedí que actualizara el blog, y aunque está un poco cansada y dice que no son horas porque mañana tenemos que madrugar para volver al DF a hacer papeleos (líos de mayores, ya sabéis), pues me va a hacer el favor de subir algunas fotografías de los últimos días, para que veais cuánto he crecido y lo bien que me lo paso con papá, al que estoy conociendo en profundidad.

No os puedo contar todo lo que ha pasado porque son millones de cosas: se tomarme el biberón solo, ya no me despierto por las noches asustado, me ha supurado la inyección de la vacuna de tuberculosis que me pusieron hace más de dos meses, me han puesto más vacunas (hexavalente y neumococo) y pasé unos días malito después, ¡ya me muerdo solo el pie!, hablo mucho, papá ha aprendido a cambiarme los pañales cuando estoy dormido y no me despierta... cada jornada me trae un montón de aventuras distintas, y han pasado ya muchos días desde la última vez que escribí.

En fin, aquí van unas cuantas fotos. El punto positivo es que como el fotógrafo ahora es muchas veces papá con su cámara maravillosa, salgo mucho más guapo.


Esta es de la primera mañana que durmimos papá, mamá y yo. Mamá y yo pasamos al aeropuerto a buscar a papá, y de allí nos fuimos directamente a Cuernavaca. La primera noche la pasamos en un hotel estupendo. A mí me pusieron una cunita al lado de su cama y en la mañana, al despertar, mamá y papá me subieron junto a ellos y estuvieron mucho rato jugando conmigo.




Como veis, papá me sacó un montón de fotos. No paraba de decir que soy muy guapo... bueno, no sé porqué hablo en pasado, porque eso es algo que me repite a diario cada vez que me mira.



Desayunamos en la habitación y después del desayuno me dormí la siesta. Papá no dejaba de mirarme con cara de alelado... Otra cosa que preguntó en voz alta esa mañana y que también repite a menudo es "¿y porqué no tuve hijos yo antes?". Mamá le contesta que es que me estaban esperando a mí, porque yo quería ser el mayor de los hermanos.


Ese día fue la primera vez que papá y yo nos quedamos solos, mientras mamá iba a hacer un pago en el banco. Papá estuvo jugando conmigo un buen rato. A veces yo extrañaba a mamá y lloraba, entonces él me cogía en brazos y me enseñaba cosas nuevas: el grifo del baño, las plantas del jardín... Fue toda una experiencia para los dos, ¡y eso que mamá estuvo fuera apenas media hora!




Estas fotos son de mi primera ducha con papá. Es mucho más grande que mamá y también más divertido: me deja jugar más tiempo debajo del chorro de agua y también sabe hacer cosas más emocionantes con la boca, como fuentes o ruidos en lenguaje balleno.


Mamá me peina cada día y me echa el pelo para atrás, pero no me dura ni cinco minutos el tupé que me coloca.


Por las mañanas, cuando me despierto, casi siempre papá me levanta de la cuna y me sube a su cama. Jugamos un montón de rato en lo que mamá, que es un poco perezosa, termina de despertarse. Luego bajamos a la cocina a desayunar. Ya, como soy muy mayor, no me tomo ningún biberón en la noche y duermo casi casi de un tirón.





Desayunamos en la cocina, pero el resto del día estamos casi siempre en el jardín. Papá baja mi cuna y yo paso el tiempo jugando en ella, o sobre la mesa donde ellos están (en el suelo me dejan poco, para que no me coma a las hormigas). también nos bañamos mucho en la piscina.







Me lo paso bomba con papá en el agua. Estoy aprendiendo a nadar, aunque a veces bajo demasiado la cabeza y me atraganto. También me baño con mamá, lo que pasa es que no tengo fotos mías con ella, porque cuando estamos los tres en el agua nadie está fuera con la cámara.


Cuando me canso de tanta actividad duermo, y entonces mamá y papá me tumban en mi cuna y ellos se quedan mirandome. Dicen que no saben de quién están más enamorados, si el uno del otro o de mí...


También a veces salimos de casa. Hace un par de días, por ejemplo, nos fuimos a Tepoztlán con el tío Rodolfo de excursión. Comimos en la terraza de un restaurante estupendo, y los mayores alargaron la sobremesa varias horas. Yo estuve jugando un montón de tiempo solito y también con ellos. Al final me dormí en brazos de mamá ¡es que no paraban de hablar!


Aquí estoy en una foto con el tío Rodolfo, que ayer cumplió años y se quedó a dormir con nosotros. También juega mucho conmigo. Como tiene un montón de sobrinos, se le da muy bien eso de cuidarme. Me cuenta cosas divertidísimas.

Bueno, ya sé que no es mucho y está bastante deslabazado. Intentaré convencer a mamá para que en los próximos días sea más regular y ordenada con la subida de fotos y el relato de mis días. Dice que la perdonéis, que es que con esto de que es agosto y ha llegado papá, el mundo se le ha movido un poco y no le apetece ponerse frente al ordenador, pero promete que hará un esfuerzo por mantenernos en contacto.

Os mando miles de besos y ella también. Papá está dormido, pero si estuviera despierto también os enviaría abrazos.

Os quiero,

Elías, El Gachupín de Garibaldi.

jueves, 7 de agosto de 2008

5 de agosto

El martes, como siempre ese día, hubo junta en la mañana de las clientas de mi tía Marisol, que cada vez me caen mejor según las voy conociendo.


Pero antes de la junta, mamá y yo bajamos a desayunar a la cocina. A mí me tocó cereales, para que no me aburra de la papaya, y cuando terminé de comer mamá me dejó una bolsa para que me entretuviera mientras ella también desayunaba.
No fue buena idea dejar la papaya porque, por mucho esfuerzo que hice (como se puede comprobar en la foto) seguí sin poder hacer una caca decente en todo el día.


Mientras mamá recogía y se duchaba, yo me quedé tranquilito con mi biberón en la cuna. No creáis al ver la foto que soy tan especial que bebo por la oreja, lo que pasa es que me di la vuelta y se me cayó el bibe de la boca. Mamá me está enseñando a agarrar solito el bibe, y la verdad es que es más difícil de lo que parecía.


Cuando mamá salió de la ducha, estuvimos un rato largo jugando con su pelo mojado. Nos lo pasamos muy bien. Mamá se pone sobre mi cara con el pelo suelto, como su cabello está húmedo y fresquito, al rozarme la cara me hace mucha gracia y me río mucho.


Luego ya salimos al jardín un rato. Mientras mamá hacía sus cosas en el ordenador sentada en la cantina, yo aprendía a sacar los números que están insertos en la alfombra de foamy e intentaba comérmelos... pero eran demasiado grandes.


Luego mamá me tumbó boca abajo para que empezara a hacer fuerza para gatear...


... y la verdad es que aguanté mucho rato y fue muy divertido poder ver el cesped tan de cerquita.


Luego cuando me cansé, mamá me subió a mi bólido a la sombra, donde estuve un buen rato dándole a los botoncitos y escuchando la música que salía de ellos.


Cuando la junta de la tía terminó, mamá y yo pasamos y estuvimos un rato conviviendo con las señoras que quedaron rezagadas. En esta foto estoy con Dorita, que me tiene mucho cariño. Dorita es la señora que me regaló una manta todoterreno cuando se enteró de que estaba en casa ¡todo un detalle!


También me senté un rato en las piernas de Laurita, que me hace reír mucho y siempre alaba el tamaño de mis piernas. Sorprendentemente, a pesar de su apariencia frágil, es una señora muy fuerte que aguantó como jabata mis saltos.


Cuando las señoras se fueron, mamá y yo nos quedamos un rato en la mesa. Yo jugando con el papel que envuelve las galletitas saladas y mamá comiéndose las galletitas saladas untadas del queso de hierbas receta especial de la tía Marisol, que le encanta.


Después de comer y mientras yo dormía la siesta, mamá se quedó en la cantina del tío Javier hablando por teléfono con los abuelos, con papá y con su amiga Lola, de la que no sabía nada desde hacía muchos meses. Como estaba tan concentrada poniendose al día con su amiga, no me escuchó cuando me desperté. Gracias a Dios estaba cerquita mi tía, con la que estuve un ratito charlando amigablemente en la cama.


Mamá, visto que todavía no me salía la caca, recurrió a la receta del zumo de naranja de la bisabuela Marta. Y no se le ocurrió una idea mejor que aprovechar el zumo para estrenar el vasito de niño semi-mayor que me había comprado hacía una semana... Como podéis ver en la foto me regué entero y regué completa la cama. En el riegue, algo me quedó en la boca, pero la verdad es que poquito. En cualquier caso no lo suficiente, porque a día de hoy sigo estreñido. No importa, la verdad es que me lo pasé de maravilla con mi vaso nuevo.

Después del desaguisado que monté, mamá me desnudó y me metió en el baño caliente... Mientras me bañaba llegó la señora que le pinta las uñas a mi tía. Se metieron las dos en el servicio con mamá y conmigo para verme jugar con el agua, y me dijeron un montón de piropos chulísimos.

Cuando salí del baño, estuve un rato con ellas en el salón jugando con mamá y escuchando su conversación. Al poquito tiempo volvió a la casa Dorita, la clienta de la tía de por la mañana, que quería que mamá le enseñara unos papeles (de esos míos que la obsesionan) para enseñarselos a su marido, que es un señor estupendo y quizá pueda ayudarla a hacerlos mejor.

Mientras mamá hablaba con Dorita me dio de cenar, y luego cuando Dorita se fue me metió, por fin, en mi cuna. Me dormí como un lirón. Fue una de las mejores noches que mamá recuerda haber pasado conmigo porque, en comparación con siempre, me desperté muy poquitas veces.

4 de agosto

El lunes fue un día bastante movido también, aunque hay poco documento gráfico que lo ilustre, apenas dos fotos de la mañana.


Mamá se tuvo que ir a la Fundación tempranito para hacer esas cosas de mayores que tienen que ver con eso de "mi situación jurídica", pero de las que yo no me entero muy bien porque me parecen un rollo patatero. Así que me dejó con mi tía Marisol, que me invitó a ir con ella a casa de una amiga, donde se iban a juntar unas cuantas a desayunar.
La tía me puso "guapo", me llenó el pelo de gomina y me levantó el poco flequillo que tengo haciéndome un tupé la mar de chistoso.


Allí, en el desayuno, me lo pasé superbien, porque fui el centro de atención de todas las amigas de mi tía. Todas querían cogerme en brazos y jugar conmigo... Estuve con ellas hasta las dos.

Mamá en teoría debería de volver a eso de las doce para recogerme, pero llamó a la tía para decirle que todo se estaba alargando mucho, que hasta el final de la tarde no podría llegar. Como mi tía tenía que ir al dentista a las cuatro, me dejó en casa de Meche. Mamá y ella ya habían hablado de que, para estos casos, yo necesitaba una nana que me cuidara y jugara conmigo cuando mamá hiciera sus cosas de mayores y no pudiera llevarme. Quedaron en que iban a contratar a Julia, que es la hija del Yayis (la señora que cuida a mi prima Marijose) y de Chava (el encargado del negocio de mi tío Javier). Como Julia estaba con Yayis en casa de Meche, allá que nos fuimos la tía y yo antes del dentista, y allí me dejó a resguardo.
Yayis y Julia me hicieron una papilla riquísima de pollito con zanahoria y jugaron conmigo hasta que mamá llegó a buscarme.
Yo estaba tan contento con Julia que mamá, a pesar de sus reticencias iniciales, decidió que la llamaría para cuando tuviera cosas que hacer, y en eso quedaron... ¡ya tengo nana!
Luego jugué un rato con mamá, que se puso, como siempre, muy contenta de verme y me dijo que me había extrañado mucho.
Como había pasado todo el día jugando de aquí para allá y había dormido poquita siesta, me dormí enseguida, sin tiempo siquiera de bañarme.

3 de agosto

El domingo fue un día especialmente movido. ¡No paramos desde la mañana hasta la madrugada!


Mamá y yo nos levantamos tarde, a eso de las 9,30... A mamá todavía le dolía un poquito la cabeza, pero como iban a llegar los invitados a las diez no tuvo tiempo de quejarse... ¡había que hacer muchas cosas!
Nos duchamos juntos, porque el sábado no me había bañado. A mí no me importó, también me gusta mucho ducharme con ella.


Después de vestirme y de vestirse ella misma, me dejó que jugara un poquito solo en la cuna mientras que ella recogía el cuarto y ayudaba a la tía con los preparativos del desayuno. Vino la tía Paty especialmente a hacer chilaquiles para el primo Javo, al que no había visto desde que se fue a Europa. Los chilaquiles de la tía Paty son legendarios, pero no me dejaron probarlos porque picaban... ¡vaya!
Mamá me prometió que cuando sea un poco mayor me dejará tomar algo de chile para que se me vaya acostumbrando el paladar.


Luego llegó la tía Meche con un montón de personas más que me presentaron pero de los que no recuerdo los nombres... Son todos primos de mi tía Marisol, de Puebla. A mí, la verdad, al principio ni fu ni fa, estaba muy contento con mis primos Sebastián y Marijose, que siempre juegan mucho conmigo.


Después de desayunar todos salimos al jardín a tomar el sol y el aperitivo (es que al final el desayuno se alargó como sólo se pueden alargar aquí los desayunos de domingo, y se juntó casi casi con la comida).
A mí los mayores no me interesaban, estuve jugando mucho rato con mis primos, que me tomaron como muñeco e hicieron de mí un santo colocándome aros de tela sobre la cabeza.


No me pude librar mucho tiempo de los mayores, que decían que estaban sorprendidos por lo buen niño que era, porque no me quejé ni un poquito en toda la mañana. Esta tía de la foto me tuvo en brazos un montón. La verdad es que tampoco es para quejarse, porque me dejó saltar todo lo que quise sobre ella, que es algo que no puedo hacer con mis primos porque son pequeños y a mamá no le gusta, dice que me puedo caer.


Comenzó a llover en el jardín, y todos se metieron en la casa. Mientras mamá me daba de comer, los primos se escaparon y jugaron a mojarse. Me hubiera encantado acompañarlos, pero entre el hambre y la tos que de vez en cuando se me escapa, a mamá no le pareció oportuno que siguiera sus pasos. Dice que me dejará saltar en todos los charcos cuando sea algo más mayor... ¡yo no veo la hora! ¡Me daban una envidia mis primos!


Luego, como seguía lloviendo, nos quedamos todos en el salón después de la comida. A los primos los duchó con agua caliente la tía Meche mientras la tía Marisol metía su ropa en la secadora. A la media hora estaban como si no hubiera pasado nada, y jugaron conmigo mucho mientras los mayores charlaban sobre sus cosas.


De vez en cuando, una tía o un tío se volvían a interesar por mí y jugaban un rato conmigo. En esta foto estoy con mi tía Irma, también conocida como "la Bonita".


Luego todos nos pusimos a ver el vídeo de la consagración de mi prima Marisol, a la que aún no conozco porque está en Monterrey y no puede venir a casa. Los tíos de Puebla no la habían visto desde el año pasado y se emocionaron mucho.
Aquí, en brazos del tío Javo, comenzó el turno de las "relaciones masculinas", casi todos los chicos quisieron jugar conmigo.


Charlé un poco con el tío Carlos.


Y también con el abuelo, con el que normalmente me río mucho. Sus hijas se alucinan de lo bien que nos llevamos. Dicen que jamás cogió a ninguno de sus hijos siendo bebés, y que en muy contadas ocasiones tomó en brazos a sus nietos... Yo tengo bula, porque desde hace unos días, de vez en cuando, le alzo las manos y me toma en brazos. Hablamos un montón, me dice cosas muy bonitas con voz suave y eso me hace reír mucho.

También estuve en brazos de otra tía estupenda con la que jugué un buen rato y que dijo que era un amor de niño.


Ahora bien, con quien más me divertí con diferencia fue con el primo Javo y con Maite, que se pasaron un buen rato haciéndome cosquillas en los pies y lanzándome al aire.


Luego, ya de noche, por fin, se fueron casi todas las visitas y quedamos sólo la tía Marisol, la tía Meche, los primos Sebastián y Marijose, mamá y yo. La tía estuvo un rato largo jugando tranquila conmigo mientras charlaba con su hermana y con mamá. Estaban esperando a Paulina, una amiga de mi prima Marisol que también se va a consagrar este verano y que venía a despedirse de mi tía antes de partir a Monterrey.
A mí la espera me dio sueño, y mamá me fue a acostar a mi cuna.


Mientras mamá y las tías hablaban con Paulina, que al fin llegó casi a la media noche, yo tuve una pesadilla malísima y me desperté llorando. Mamá subió a consolarme, pero en vez de colocarme el chupete y mecerme hasta que me tranquilizara, me bajó de nuevo al salón porque Paulina tenía mucho interés en conocerme, y como se va, no iba a poder hacerlo otro día. Así que me desperté un rato, mientras ella admiraba mi tamaño, mi buen caracter, el tamaño de mis ojos, la destreza de mis manos agarrándole el cabello... ¡ya sabéis! ¡soy el niño perfecto!
Luego, cuando terminaron de piropearme, mamá me volvió a subir a la cama y me dormí de nuevo.