martes, 23 de septiembre de 2008

21 de septiembre

Esta noche ya recuperé unos cuantos días de mi atraso. Aún así todavía me quedan otros cuantos más por actualizar. Según voy esperando a tener ratitos para escribir se me van acumulando más, así que en lo que continúo poniendome al día de lo que falta voy a ir intercalando cosas del presente, para que no se me olviden.

Ayer, domingo, mamá y yo nos levantamos tarde, todos los demás en casa se habían ido a misa e iban a desayunar en casa de Meche. Nosotros declinamos la invitación porque era muy tarde ya para vestirnos y nos preparamos para pasar un día hogareño.

Desayunamos en la cocina, y después de desayunar mamá se puso a recoger la cocina. Para que no me aburriera en el entretanto me ató un globo a mi silla, de los que la tía puso en el salón para decorar el 15 de septiembre (dia de la Independencia de los Mexicanos frente a los Españoles, que es fiesta nacional al mismo nivel que la Navidad, más o menos).



Después de tirar el globo, mientras mamá preparaba la olla con mis papillas de la semana, estuvimos dialogando un buen rato.



Mientras se hacía la comida, mamá me cambió el pañal, me dejó leer un rato sus revistas mientras que ella se duchaba y estuvo jugando luego conmigo a sacarnos fotos en lo que se calentaba el agua de mi baño.



En mi barreño, que me gusta tanto, estuvimos jugando también mucho tiempo.


Descubrí que aplaudir en el agua es aún más divertido que aplaudir fuera de ella, porque nunca sabes dónde te va a salpicar cada vez. Las "palmas palmitas" es mi última gracia, y no pierdo ocasión de practicar poniéndole cada vez más ritmo.



Después mamá me lavó el pelo. Es la parte que menos me gusta de bañarme, pero como soy bastante estoico no me quejo mucho. Además mamá, ahora que tengo más pelo, me hace unas crestas superchistosas que me gustan mucho cuando me miro en el espejo.


Después del baño viene normalmente el momento toalla y cremita. La crema me la compró papá cuando estuvo aquí y me gusta mucho que mamá me embadurne. Luego la piel me queda suavecita suavecita... Por supuesto, el domingo no perdí la ocasión de seguir aplaudiendo en cuanto mamá me liberó los brazos.



Después del baño mamá me dejó dormir un rato mi siesta mañanera, pero como ya era tarde me desperté pronto con hambre. Bajamos a comer a la cocina y justo cuando terminé de comer aparecieron la tía Marisol, el tío Javier y el abuelo Jorge, que también estaban hambrientos. A mí me tocó puré de pollo con chayotes, y a ellos pozole.
Mientras comían mamá me sentó en mi taca-taca.



Cuando el abuelo terminó de comer estuvo un ratito jugando conmigo. El abuelo no juega mucho conmigo, pero cuando lo hace la verdad es que nos lo pasamos muy bien los dos. Siempre me llama "chiquitín" con un tono tan cariñoso que me entra la risa.


Después de comer mamá se puso a lavar los platos, y como yo ya estaba aburrido de estar en el taca-taca la tía me sentó a su lado para que jugara con un trozo de papel de aluminio y pudieramos hablar de frente.


Cuando mamá terminó me dio el biberón y automáticamente me quedé dormido. Como era domingo no me importó quedarme en la cuna hasta tarde. Cuando mamá vino a despertarme preocupada ya había oscurecido. Habían llegado Elvia y Rodolfo a casa, unos amigos de los tíos que a mí me caen especialmente bien desde el día de la Independencia, que estuvimos jugando juntos mucho tiempo. Nada más llegar, sentado en la mesa frente a la tía, no pude dejar de enseñarle a Elvia mi nuevo logro...



Tras darme la cena mamá subió conmigo de nuevo al cuarto pensando que iba a tardar mucho en dormirme, después de la supersiesta que había tenido... ¡pero no! Después de jugar un ratito caí como tronco en la cuna.

30 y 31 de agosto

El 30 fue un día triste. Para empezar mamá y papá cometieron la torpeza de enfadarse entre ellos por una tontería por la mañana, así que estuvieron disgustados gran parte del último tiempo que les quedaba juntos, cada quien por su lado. A mí me cuidaron muy bien, primero mamá, mientras papá estaba terminando sus cosas de trabajo, y luego papá, mientras mamá estaba triste.

Por fortuna, justo antes de que papá tuviera que irse de casa se dieron cuenta de que más que enojados estaban apenados por tener que separarse, así que volvieron a hacerse amigos ¡justo a tiempo! Y para cuando salimos con el tío Javier al aeropuerto hasta se permitían hacer bromas con respecto a lo que había pasado.

En el aeropuerto nos tomamos un café mientras esperábamos que papá embarcara. Yo al principio no me di cuenta muy bien de lo que estaba pasando, así que jugué con todos como siempre. Cuando llegó la hora de irse, mamá se fue con papá mientras yo me quedaba en la cafetería con el tio Javier. Tardó un ratito en volver y tenía los ojos algo rojos, pero me cogió en brazos como si nada y se terminó el sandwich que había pedido mientras hablaba con el tío, algo mustia, sobre esas cosas de mayores que siempre son tan aburridas.

A mí ya me estaba dando sueño, así que me alegré de que por fin nos levantáramos y nos fueramos al coche. No entendía como papá no venía con nosotros, pero como estaba tan cansado no tuve oportunidad de preocuparme. Nada más subir al coche me quedé dormido.

Al llegar a casa ya era tarde, mamá me dio de cenar y nos acostamos juntos prontito. Papá no aparecía por ningún lado, y yo empecé a relacionar la pena de mamá con su ausencia. En la noche lloré un poquito, por una parte porque yo también extrañaba a papá y por otra parte porque quería recuperar mi puesto en la cama, visto que él ya no estaba. De madrugada mamá por fin cedió y levantó de la cuna para tumbarme junto a ella. Estuvimos abrazaditos el uno al otro el resto de la noche consolandonos mutuamente.

Al día siguiente ya estábamos más contentos. Era domingo y vinieron Meche y Marijose a pasarlo en casa con nosotros. Salimos al jardín y estuvimos jugando un buen rato, estrenando el petate que papá me había comprado en Tepoztlán unos días antes.

28 y 29 de agosto.

Esta fue nuestra última mañana en la casa de Cuernavaca... ¡un caos! Preparar la vuelta al DF le costó a los mayores un buen puñado de horas... Mamá estaba escandalizada, no paraba de repetir "¡esto es peor que una mudanza! ¿De verdad que hemos acumulado tántas cosas en solo dos semanas?". A mí, por suerte, me dejaron dormir una larga siesta mañanera mientras ellos se las ingeniaban para meter todo en los coches.



A eso de las cinco llegamos a la casa. Comimos con Javo en un puesto de hamburguesas cercano que a mamá le gusta mucho y quería enseñárselo a las tías y nos fuimos corriendo al centro para que conocieran, aunque fuera solo un ratito, algo de la ciudad.

Estuvimos paseando por el Zócalo y sus alrededores hasta que se puso a llover, luego nos fuimos a cenar al hotel Majestic, desde cuya terraza vimos el atardecer sobre la plaza. Después, antes de volver, mamá se empeñó en subir al restaurante de la Torre Latino para que las tías se hicieran una idea de la extensión de mi ciudad y pudieran ubicar las principales calles y plazas. ¡Alucinaron!

Después de la experiencia volvimos a casa, ellas se fueron de fiesta con el primo Javo y sus amigos y papá, mamá y yo nos quedamos durmiendo, porque al día siguiente teníamos que madrugar para llevarlas al aeropuerto.

Al final sólo mamá las acompañó al avión junto con la tía Marisol. Yo me quedé con papá en la cama, porque era muy temprano, y el resto del día, a la vuelta de mamá, lo pasamos en casa descansando y hablando con los abuelos por el ordenador (bueno, papá tuvo que salir con sus amigos a hacer cosas relacionadas con sus planes de trabajo en México, pero fue un ratito y casi no cuenta).

27 de agosto

El miércoles ya sólo nos quedaban dos días de disfrutar a las tías, así que nos pusimos un poco más las pilas para hacer turismo. Ese día visitamos Tepoztlán y Cuernavaca (es que aunque vivieramos ahí, aún no habíamos bajado a pasear por el pueblo).

En Tepoztlán estuvimos paseando mucho por todo el pueblo: almorzamos en el mercado, donde compramos algunas cositas para la casa de Galicia (un cesto de paja para la ropa que invalidó mi carrito por el resto del día, por ejemplo...) y para los bares de papá (¡tengo unas ganas de ir a conocerlos!).



También las tías compraron regalitos (a mí me regalaron dos pares de zapatillas para que empezara a caminar que son superchulas y me hicieron mucha ilusión!) y Rodolfo compró sus eternas pulseras rojas, que protegen del mal de ojo y las envidias. Estuvimos toda la mañana caminando, no subimos a la pirámide de la montaña porque nadie llevaba calzado adecuado... aunque creo que esa fue más bien una excusa porque parecía que a todos les daba pereza.


Terminamos en un restaurante maravilloso, pero no comimos nada porque si nos quedábamos no nos iba a dar tiempo a estar un ratito en Cuernavaca, así que los mayores sólo se tomaron una cerveza en lo que yo me terminaba el Gerber y volvimos a subir al coche.

A Cuernavaca llegamos entrada la tarde y apenas nos dio tiempo a dar un pequeño paseo por el zócalo y la plaza antes de zambullirnos en el mercado de artesanías, por el que caminamos un montón. Cuando ya cerraron todos los puestos volvimos a la plaza y mamá propuso que nos sentáramos en una terraza que tenía unas mesas muy bonitas para descansar. Allí cenamos. A mí me pidieron un plato de fruta que esforzadamente me dieron papá y Rodolfo. Luego mamá me dio el biberón justo cuando comenzó la música en directo... con la mala suerte de que el bafle principal estaba a apenas dos metros de su espalda, así que no hubo manera de dormirme.




Papá y mamá aprovecharon la coyuntura de que allí yo no iba a dormir para irse conmigo a dar un paseo por la plaza. Cuando volvieron se encontraron con la mesa revolucionada. Todos, dirigidos por Rodolfo, coreaban las canciones del grupo y hacían peticiones especiales de sus temas favoritos. Mamá se sentó otro ratito con ellos, en lo que terminaban de cantar, mientras papá paseaba conmigo de lado a lado.

Cuando por fin en la mesa se apiadaron de papá (que en realidad yo sé que estaba disfrutando de lo lindo viéndome dormir) nos volvimos a casa. En el camino nos perdimos un poco y yo me desperté algo enfadado ¡ya quería llegar a mi cuna!. Menos mal que estaban mamá y las tías inspiradas, porque para mi sorpresa (y la sorpresa de Rodolfo y su sobrino en el asiento delantero) recorrieron todo el repertorio de nanas y canciones infantiles que conocen... desde el Señor Don Gato a tres voces hasta Los Montañeros en varias versiones. La verdad es que fue un día super completo con un final muy divertido que me terminó de agotar.

26 de agosto

El martes pasamos todo el día en casa, jugando en la piscina, tirados en la hierba, durmiendo siestas interminables... Por no hacer, no hicimos apenas fotos, con estas dos os podeis hacer una idea.



En la tarde llegó Rodolfo con un sobrino suyo que va a ir a estudiar periodismo a Madrid este curso. Se apuntaron a "la hueva" con singular alegría...

25 de agosto

El lunes fue un día tranquilo, aunque realmente nos dio tiempo a hacer un montón de cosas.

Para empezar mamá decidió tomarle la palabra a las tías, que el día anterior habían dicho que ellas estaban encantadísimas de hacerse cargo de mí en las mañanas si ella quería dormir un ratito más. Así que, cuando yo me desperté, a eso de las siete, mamá ni corta ni perezosa me cogió en brazos y me llevó a su habitación, me soltó sobre la cama de la tía Mar y le dijo "tu sobrino quiere jugar contigo". Yo quería jugar en general, sin personalizaciones, pero no me pareció mala idea la de hacerlo con la tía, así que no protesté nada mientras mamá se iba de nuevo a su cuarto. Me quedé sonriendo al bulto sobre el que estaba sentado, que con los ojos aún medio cerrados intentaba dilucidar lo que estaba pasando.

Afortunadamente la tía Mar no tiene mal despertar (al menos no conmigo) y se quedó encantada enseñándome a utilizar los juguetes que me había traido desde España de parte del resto de la familia.

Luego, cuando ya me entró hambre, bajamos todos a desayunar. Mamá me preparó mi papaya y me fui a la piscina con al tía Marta para comermela. La tía literalmente me bañó en pulpa, pero algo me entró en la boca.


Luego de comer nos quedamos un rato de chachara con Pepe ahí mismo, mientras los demás se preparaban para la excursión que íbamos a hacer a Taxco.


Después del biberón, papa y yo nos duchamos. Entre la modorra de la siesta matutina, lo mullidos que están los brazos de papá y el agua calentita me estaba quedando dormido...


... pero al final me espolvorearon de talco, me vistieron y me metieron con ellos en el coche sin dejarme cerrar los ojos. Sólo entonces, ya fuera de casa, pude dormirme.


Cuando desperté estabamos en Taxco. Allí anduvimos paseando todo el día. Fuimos a la catedral, callejeamos, nos tomamos un refresco en un bar desde el que se veía todo el pueblo, compramos regalitos, comimos en la azotea de un restaurante del centro, mamá me tupió a naranja con la excusa de que estaba estreñido (¡odio la naranja!), me quedé con papá y Pepe en un bar del zócalo mientras mamá y las tías paseaban y compraban cositas para la casa de Galicia... Pasamos un día estupendo, en resumen. No puedo subir fotos porque las mejores están en la cámara de la tía Mar y ella y mamá aún no han hecho intercambio, pero podéis imaginarnos paseando por un pueblo de cuento típicamente mexicano y seguro que no andareis muy desacertados con la realidad.


Al atardecer, a mamá le tumbó la migraña que llevaba arrastrando todo el día, y los mayores decidieron volver a casa para que ella pudiera descansar. Llegamos bastante tarde y nos fuimos a la cama todos directos, porque estábamos echos polvo de tanto pasear.

24 de agosto

El día siguiente al cumple de la tía Marisol hicimos otra fiesta en casa. Asistieron todos los que estuvieron el día anterior menos el Gordo y su familia, porque tenían que estar con el papá de la tía Irene, que está malito. También vinieron a pasar el rato los tíos Toño, Pepe Toño, Argelia y Judith, además del Doctor de la Cruz, su mujer Margarita, y su hijos, nuera y nieto.

Fue un día muy similar al anterior, estuvimos todo el día en el jardín, yo pasé de brazo en brazo y recibí millones de mimos y piropos, papá se ocupó de organizar la comida, casi todos nos bañamos en la piscina, los mayores hablaron mucho entre ellos y jugaron conmigo... La verdad es que fue una jornada casi perfecta. El "casi" fue porque la tía Marisol, a la que los años que cumplió el día anterior le sentaron mal, pasó casi todo el tiempo en el cuarto, enferma del estómago. La extrañé mucho.

Luego, al atardecer, cuando los mosquitos estaban empezando a pasar al ataque, casi todos se despidieron de nosotros para volver a la ciudad. En compensación llegó Pepe, un amigo de papá que está ahora con él en España. Normalmente vive en Canadá con su mujer, pero también tiene problemas con papeles (¡de verdad es que son un rollo cuando los mayores se ponen a rellenar formularios!) y no le es posible volver por ahora a su casa, lo mismo que nos pasa a mamá y a mí. Así que decidió quedarse unos días con nosotros para matar el tiempo de la espera de los papeles haciendo turismo. Quedamos en la casa las tías Mar y Marta, el tío Pepe, papá y mamá. Ellos se sentaron a charlar y a comer patatas y palomitas en la cantina; yo por mi parte me fui a la cama prontito... ¡es que las vacaciones en familia son agotadoras!

Aquí os dejo una foto de uno de los mejores momentos del día. Fue por la tarde después de la siesta. Me senté con la familia del Doctor y jugaba con los muñecos de lucha libre de su nieto mientras su nuera me daba a comer en la mano mitades de uvas peladas y sin pipos... Fue la primera vez que probé las uvas y me encantaron.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Las aguas van volviendo a su cauce subterráneo...

... y este ratito de Ojos del Guadiana nos ha servido a mamá y a mí para poder distinguir la cantidad de bichos que se esconden en el fango, bajo los torbellinos que sorteamos cada día en este proceso de convertirnos en madre e hijo con papeles.

Ahí vamos, intentando no naufragar en la cueva, buscando una salida al mar abierto, poder volver a casa.

Mientras tanto el mundo sigue girando, y yo sigo creciendo. Es la maravilla de la naturaleza. Me están saliendo los dientes. Se me ven dos manchitas blancas en medio de la encía inferior que me molestan algo y me dan un irrefrenable deseo de morderlo todo. Ya sé dar palmadas y procuro que las cosas no se me caigan cuando estoy en el taca-taca o en la silla, porque sé que no voy a poder cogerlas. Me circuncidaron y la herida cicatrizó del todo, mi pis ahora sale a propulsión. Tengo muy largo el pelo, dice mamá que a este paso voy a poder hacerme una coleta antes del año. Ya como comida de mayores y duermo la mayor parte de la noche seguida. Balbuceo incoherencias con mucho sentido... La vida, en fin, que se abre paso y sigue su curso a pesar de los pesares.

Todo esto que cuento ha pasado en este último mes que lleváis casi sin noticias... El último post completo fue del 23 de agosto. Esta noche voy a intentar hacer un poutpourrí de fotos y vídeos de los días que no he estado, a ver si soy capaz de recorrerlo más o menos todo organizándolo por semanas, para que no se haga muy largo y pueda, por fin, ponerme al día.

Ahí va.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Hoy ha sido un mal día...

Lo de mi "situación jurídica" parece complicarse... ¡qué rollo! Mamá y yo hemos estado todo el día de acá para allá. Ella de los nervios y yo dándole abrazos y chupetones de nariz para intentar consolarla y que no estuviera tan preocupada.

No han servido de mucho mis intentos de contentarla. Dice que está muy cansada. Nos vamos a ir a la cama prontito para que mañana esté lúcida y pueda seguir resolviendo nuestras cosas.

Para entretener la espera de noticias regulares, os dejo otro vídeo higiénico de hace casi una semana, el día antes de que me circuncidaran. Si lo comparáis con el otro vídeo del baño que colgué el 26 de julio (hace menos de dos meses) podréis comprobar cuánto he crecido en este tiempo...

Mamá dice que ahora ya no corro riesgo de ahogarme... ¡sino de descalabrarme!




Os mandamos un beso muy grande mi mamá y yo desde el otro lado del mundo. Os queremos.

P.D. Dice mamá que si podéis enviar energía positiva sobre el mar os lo agradeceremos mucho, que nos viene bien...

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Aprendiendo a gatear...

Acabo de terminar de ordenar las fotos que tengo de las vacaciones (¡un montón!) y ya no me da tiempo a subirlas, porque es muy tarde...
En compensación os dejo un vídeo de la semana pasada. Un ratito de una tarde cualquiera en casa, mientras mamá trabaja en el despacho y Javo estudia con Maite en el piso de arriba.



lunes, 8 de septiembre de 2008

Primer sábado con la familia completa en Cuernavaca (23 de agosto)

Anteayer dejé el relato en la presentación del "las chicas", como mamá las llama. Hoy continúo con el fin de semana posterior, que fue movidito.

El sábado yo me desperté relativamente tarde, a eso de las nueve de la mañana. Mamá intentó mantenerme un rato más entretenido en la cama, pero yo tenía ganas de desayunar y, como se lo explicaba en voz alta, estaba despertando a papá. Así que bajamos a la cocina, la casa estaba en silencio, parecía que todo el mundo seguía durmiendo... ¡pero no! La tía Paty estaba haciendo el desayuno, preparaba la salsa de unos "huevos navegantes" que estaban para chuparse los dedos (hablo por referencias, porque como tenían un poco de chile no me dejaron ni catarlos).

Poco a poco fueron levantándose el resto de la familia. Marisol, Javier, Meche, el primo Javo... ¡y la tía Mar! ¡Por fin! ¡a las diez! Me cogió en brazos y pasó como en la madrugada... ¡amor a primera vista!



no hubo forma de separarnos hasta que el hambre nos rugió en el estómago a los dos. Entonces mamá me dio de desayunar y me cogió en brazos mientras todos comían sus "huevos navegantes".


Después de desayunar le tocó el turno a la tía Marta de estar conmigo. Salimos a la terraza y estuvimos un rato saltando y jugando con un sonajero ¡qué divertido!



Luego por fin socializamos con el resto de la familia en la orilla de la piscina. Ahí estaba el tío Javier con papá charlando. Y la prima Marijose, que después de desayunar se metió en el agua y ya no volvió a salir en todo el día.

Claro, que no fue mucho tiempo, porque sibilinamente la tía Mar me volvió a raptar para jugar conmigo en exclusiva.





Luego mamá preparó por fin el biberón y se lo pasó a la tía Marta para que me lo diera. Fue la primera vez que me dio de comer, y a diferencia de mamá el día que nos conocimos, que casi me ahoga, la verdad es que no se le dio nada mal.


Después de la leche llegó el tío Gordo con su familia (la tía Irene y los primos Tato y Mariana). Estuvimos un rato tranquilos y contentos hablando con los abuelos por el Skype. Luego yo terminé de reposar el desayuno en la hierba mientras mamá y las tías se ponían los bikinis. En el jardón jugué con el tío Javier. ¿os he contado alguna vez que me cae superbien mi tío? Con él creo que es con la única persona con la que jamás he llorado ¡y es que, aunque sea muy tranquilo, siempre hace cosas divertidas conmigo!




Luego todo el mundo se volvió loco, comenzaron a tirarse a la piscina unos a otros ¡menos mal que se olvidaron de mí! ¡si no seguro que me ahogan!




Cuando por fin se tranquilizaron decidieron que ya había hecho la digestión y que podía bañarme. Estrené el flotador barquito que me habían comprado hacía unos días mamá y papá, y la verdad es que me gustó mucho porque ya no me dio miedo tragar agua. Además podía salpicar mucho mejor desde arriba.





Nos lo estabamos pasando tan bien en el agua que nos dimos cuenta de que era la hora de mi comida... una hora después de la hora de mi comida.

Mientras papá me ponía un pañal limpio y las tías me entretenían, mamá entró en la cocina a preparar algo. Yo ya estaba algo impaciente, así que se decidió por puré de frijoles (que acababa de hace la tía Marisol) con trocitos de jamón (que estaba partiendo la tía Paty para el pastel de papa). Fue lo más rápido, aunque no lo más rico. La verdad es que no me emocionó la combinación, pero tenía tanta hambre que me terminé comiendo casi todo el plato.

Me empezó a dar de comer mamá, pero como la tía Mar nos miraba fijamente, mamá le pasó la cuchara para que continuara mientras ella se iba a hacer otras cosas cerca de la piscina.


En lo que yo comía con la tía Mar llegaron del DF los últimos miembros de la familia: El abuelo Jorge, las tías Meche e Irma y el primo Hipo. La tía Irma se metió en la cocina a preparar el aperitivo y el abuelo estuvo un rato viéndome comer junto a Mar...


Los pobres Hipo y Meche fueron víctimas de los vándalos de la familia nada más llegar a la casa.
Imagino que no os sorprenderá comprobar que mis papás entraran dentro de la categoría de vándalos. Mamá empujando con los primos y tíos, y papá de reportero gráfico.



Cuando las cosas se calmaron en la piscina yo decidí que los frijoles eran poco dignos de mi paladar gachupino, y que no me gustaban nada. La tía Mar, que no tenía mucha experiencia en insistimientos, les pidió ayuda a mamá y papá. Mientras mamá me terminaba de dar de comer, papá me sacó algunos retratos bonitos (es que mi papá es un fotógrafo de primera :-))







Cuando me negué a abrir la boca definitivamente mamá había logrado colarme casi todo el plato entre unas cosas y otras. Así que ya, con la tripa llena y el corazón contento, la tía Mar volvió a hacerse cargo de mí para seguir jugando.


Mientras todos los demás departían contentísimos en la terraza...





Bueno, "todos los demás" menos el pobre papá, que se estaba asando de calor en la parrilla preparando la comida de los mayores...


Cuando terminó, como premio a su esfuerzo, jugué un ratito con él mientras las chicas preparaban la mesa y el resto de la comida en la cocina.


Al terminar de comer los mayores se sentaron todos en círculo y estuvieron jugando a una cosa muy divertida en la que tenían que decir números a la derecha o a la izquierda según los múltiplos. Yo la verdad, como todavía no se contar y mucho menos multiplicar, no me enteré de nada, pero me encantaba cuando perdían, porque entonces Meche se levantaba con su lapiz de ojos y le pintaba al perdedor la cara. Aquí están, por ejemplo, mis tías y mi papá "decorados".





Claro, que cuando se equivocó la pobre Meche la venganza fue terrible. A mí, mientras se tomaban la revancha, me dejaron con la tía Irene, que como no había querido jugar y no estaba pintada se mantuvo neutral...


... pero fue la única, porque todos los demás se desquitaron a gusto.





Después de pintar a Meche (que parece ser que todos jugaban únicamente para verla perder) el círculo se disolvió. Yo me quedé con la tía Marisol mojándome los pies, hasta que llegó papá, que había decidido lavarse la cara en el agua en la piscina, y estuvo un rato bañándose conmigo.






Papá y yo nos lo estábamos pasando estupendamente tranquilísimos, cuando a los mayores les dio por aburrirse otra vez. Y ya sabéis lo que pasa cuando los mayores se aburren ¿no? ¡tienen un peligro!




Como era tarde y el agua se estaba poniendo fría, papá y mamá decidieron que ya era hora de que saliera de la piscina, así que le pidieron al tío Javier que me sacara y me secara mientras ellos se quedaban un rato mas nadando.


A esas alturas de la tarde estaba agotadísimo. Al poco rato de que me pusieran el pañal, le pedí a las tías que me acostaran en mi cuna para dormir la siesta... Caí como piedra. Mientras yo dormía a los mayores les dio tiempo a jugar mucho rato en la piscina, a ducharse, quitarse la pintura, vestirse con ropa nueva...

No desperté sino hasta cuando ya estaba el cielo oscuro, que me llamaron para que acompañara a la tía Marisol a soplar las velas, porque era su cumpleaños. Se la ve en esta foto formalita ¿verdad?


Y en esta otra foto parece como que Javo la invita pacíficamente con la mano a que sople, ¿verdad?


¡Pura apariencia! ¡Menudo par de gamberros! La mitad de la familia terminó rebozada en nata...


Después de tomar la tarta nos quedamos de tertulia un buen rato... Yo el más serio, analizando concienzudamente el funcionamiento del sonajero que tenía en la mano...


Los demás relajados contando chistes... estuvieron así hasta altas horas de la madrugada. Papá y yo nos fuimos antes a dormir prontito, que ya no podíamos con nuestra alma.






Bueno, mañana os cuento lo que pasó el domingo, que también estuvo super interesante...

Un besote!

Elías, El Gachupín de Garibaldi, que estuvo en Cuernavaca.